Lejos de las montañas de mensajes positivos, emocionales, soñadores que hablan sobre el romanticismo de correr y abruman los espacios públicos incitando a los corredores a sumarse al ultramaratón. Lejos de toda esa parafernalia; que en ocasiones resulta necesaria para animarnos a dar el primer paso. Existe un largo camino lleno de sacrificios y responsabilidades que no es necesario tener claro desde el inicio, pero sí saber que existe y si y solo si estamos dispuestos a superar y conllevarlo podemos hacer del ultramaratón nuestro estilo de vida.  

Lo primero que debemos tener claro es que el ultramaratón no es para todos. Al ser una disciplina de resistencia exige tiempo, dedicación, determinación, persistencia y valentía. Si estás dispuesto a entrenar más de 2 horas al día, todos los días y dejar de lado las desveladas y la mayoría de “saliditas” entre semana con los amigos, entonces has dado el primer paso.

La segunda etapa tiene que ver con el autoconocimiento, no sólo en el plano emocional sino también a nivel físico. Conocer las limitaciones de nuestro cuerpo y saber hasta dónde podemos exigirnos día a día es clave para poder avanzar. Esto es lo realmente apasionante de ser ultramaratonista. Atrevernos a desafiar nuestras capacidades físicas, salir de la zona de confort, es decir exigirnos siempre un poco más es un hábito difícil de construir.

Porque ser ultramaratonista no sólo es entrenar para un evento, significa mucho más, es cruzar una meta interna que tiene que ver con obstáculos que trascienden a los kilómetros. Es ir más allá en una búsqueda permanente que nos obligue a evolucionar y ser mejores, no corredores sino personas. La distancia es sólo el medio para poder sacudirnos el temor y tener muy claro que nuestro origen no debe ni puede determinar nuestro futuro y que la vida está del otro lado del miedo.

Dejanira Alvarez

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